Atte. es un restaurante colonia Juárez CDMX que no anuncia nada desde la calle — y ahí empieza toda la sorpresa.
No solemos frecuentar la colonia Juárez. Así que cuando mi esposa y yo salimos del teatro un sábado y decidimos cerrar la noche en Atte., íbamos sin expectativas — casi como quien entra a un lugar por descarte más que por convicción.
La entrada no avisa nada. Un pequeño zaguán en la calle de Praga, justo frente a la iglesia de Nuestra Señora de Praga, con un podio y una hostess que te recibe antes de que hayas terminado de entender dónde estás. De ahí, unas escaleras suben hacia el comedor, y a mitad de camino la cocina se asoma abierta, como invitándote a subir más rápido. Arriba, tres salones pequeños y acogedores — nada anuncia, desde la calle, que ahí arriba hay algo que valga la pena.
Empezamos por un aguacate criollo tatemado con chile serrano, espuma de aguacate, kale frita y tortillas — de esos platos que parecen simples en el papel y que en la mesa se sienten trabajados sin perder honestidad. Le siguió un tartar de zanahoria rostizada con vinagreta de zanahoria y habanero y queso de cabra, con un picor que llega tarde y se queda justo el tiempo necesario.


El callo de hacha fresco fue, para mí, el momento de la noche: vinagreta de naranja agria, praliné de pistache y un toque de chiltepín que reordena todo el plato con cada bocado. Después, un cachete de res en barbacoa con kimchi de nopal, salsa verde y tortilla de harina — la clase de plato que hace ruido sin necesitar presentaciones.



Cerramos con un flan de caramelo de miel quemada, queso de bola y miel melipona. Dulce, denso, con ese contrapunto salado del queso que no todos se atreven a poner en un postre.

De tomar, una cerveza Monopolio Lager artesanal para acompañar, y un par de copas de vino: un Artuke Rioja y un Casa Castillo Monastrell de Jumilla — ambos bien elegidos para lo que estaba pasando en la mesa, sin protagonismos innecesarios.
Lo que más se quedó conmigo fue el servicio. Alan, Ángel y Víctor — el equipo de comedor — atendieron con una atención que no se siente escrita en un manual, sino genuina. Sumado a eso, la relación calidad-precio nos tomó por sorpresa: comimos así de bien sin que la cuenta se sintiera como el precio de la sorpresa.

Si algo pondría en la lista de mejoras es la música. En medio de un ambiente cálido y cuidado, sonaba algo cercano al metal, como si el sonido se hubiera colado de algún antro vecino de la Juárez. Un detalle menor, pero de esos que rompen el hechizo un momento.
Volví a este restaurante colonia Juárez CDMX, esta vez recomendándolo
Hay una diferencia entre que te sorprenda un lugar y estar dispuesto a poner tu nombre detrás de él. Unas semanas después, un grupo de amigos me pidió una recomendación para comer, y sin pensarlo dos veces dije Atte. — todavía con la memoria fresca de una sola visita. Los llevé, y esta vez la sorpresa fue distinta: la de comprobar que lo bueno no había sido casualidad.
En esta segunda visita a este restaurante colonia Juárez CDMX, aprovechamos para explorar más del menú. Los escamoles salteados en mantequilla café, sobre un pipián verde de quelites y acompañados de pan tostado, tienen esa textura crujiente que atrapa antes de que el sabor termine de explicarse. El frijol con puerco llegó como pork belly rostizado sobre frijoles puercos y un bbq de frijol negro, con tortillas para armar cada bocado a placer — untuoso, generoso, de esos platos que se comparten sin necesidad de pedirlo. Y el tikin xic, con la pesca del día asada en recado rojo, limón carbonizado y una ensalada fresca al lado, fue un buen recordatorio de que la cocina de Atte. sabe ser directa cuando el ingrediente lo pide.



Repetimos, con gusto, el aguacate tatemado, el callo de hacha y el flan — los tres sostienen exactamente lo que prometían la primera vez. De tomar, un par de mezcales y una botella de Gazur 2024, de Ribera del Duero, que acompañó bien el peso de los platos de esta segunda ronda.
El servicio siguió siendo tan atento como recordaba. Y esta vez, en un detalle que agradecí, no hubo rastro de la música metalera de la primera visita — quizás fue una noche suelta, quizás ya lo ajustaron. De cualquier forma, mis amigos salieron tan convencidos como yo la primera vez.

No vi al chef Paco Hidalgo en ninguna de las dos visitas, pero para entonces ya no hacía falta conocerlo para confiar en su cocina.
Atte. no anuncia nada desde la calle. Y quizás esa sea exactamente la idea detrás de este restaurante colonia Juárez CDMX. Si te gustó este rincón de la Juárez, Pargot en la Roma Norte y Comal Oculto, son otras dos paradas que también vale la pena conocer.
Atte.
Restaurante colonia Juárez CDMX
Chef: Paco Hidalgo
— Ilyas Kaif

