Salí de comer en Comal Oculto un jueves por la tarde con mi hijo, sin plan más allá de caminar un rato por San Miguel Chapultepec y dejar que la comida asentara. Fue justo esa falta de plan la que me llevó a este lugar.

Lo vi antes de saber qué era: una terraza pequeña sobre la banqueta, un par de mesas, y detrás del cristal algo que no terminaba de ser tienda ni bar. Entré por curiosidad y descubrí que era las dos cosas a la vez — una boutique de objetos con plumas, libretas y piezas decorativas que bien podría explorarse sin pedir nada de beber. En su Instagram se describen como “objetos y vermut”, y la frase no podría ser más exacta. Pasando la tienda aparece la barra, y al fondo una pequeña galería con cuadros y piezas de arte que le dan al espacio un aire de casa curada más que de negocio.
Nos sentamos en la barra a las cuatro de la tarde. Pedí un Zarro, mi hijo se inclinó por el Dos Déus — ambos con hielo, sin soda, dejando que el vermut hablara solo. El menú de la barra es corto y sin pretensiones: buena selección de vermuts, algo de vino, cervezas españolas, café. Todo pensado para acompañar, no para protagonizar.

La anfitriona que nos atendió me contó la historia detrás del lugar: la dueña es Aline Zarazua, diseñadora de interiores mexicana de raíces suizas, que antes se dedicaba a restaurar marcos. Sus abuelos tomaban vermut, y de esa nostalgia — la palabra que ella misma usa — nació la idea de mezclar vermut, decoración y galería bajo un mismo techo.

Salimos con la cuenta en $280 pesos más propina, y con esa sensación particular de haber encontrado algo que no estaba buscando.
Vermut Deco
Juan Cano 93, San Miguel Chapultepec, Ciudad de México
Vermut con hielo, sin soda — como debe ser
Ideal para una tarde sin planes
— Ilyas Kaif

